rmesa_ Mi aventura de ser maestro
Después de leer la aventura de ser maestro de Esteve, presento la reelaboración de “mi confrontación con la docencia”. En primer lugar coincido en su percepción de que la enseñanza se debe vivir con gran pasión y disfrutarla día a día en el aula.
Esto me lleva al inicio de mi aventura docente, en el año 1985, cuando me incorpore al campo de la docencia, al igual que Esteve me enfrente a altas dosis de ansiedad, pero poco a poco fui aprendiendo, claro con el apoyo de mis compañeros y con la mentalidad de que ese aprendizaje era un avance en mi práctica docente. El estar frente a tantos adolescentes inquietos, fue una descarga de adrenalina, mi juventud e inexperiencia provocaron que una clase de 120 minutos la terminara en 45 , de sobra esta decir el desconcierto que sentí, pero saque la casta y reinicie con calma (aparente); creo que los chicos no lo percibieron, sin embargo para mí fue un reto. Ahora estoy consciente que cada día es un reto que hay que vencer.
Algo que me ha caracterizado, desde la época de estudiante, es que si tengo dudas o requiero orientación, no dudo en pedir apoyo y lo solicito respetuosamente. En aquello inicios pedí ese apoyo y encontré la mano amiga y desinteresada que me facilitó reorientar mi trabajo. Me siento muy afortunada, ya que mi preparación profesional ha encajado, de manera perfecta, tanto en el ámbito docente como en el administrativo. Representa una fortaleza el ser pedagoga, pues aplico en cada clase el proceso de planear, hacer, verificar, actuar en un ciclo constante de mejora continua, por esa razón me siento tan cercana con la lectura de Paulo Freire y no puedo más que coincidir con su aportación en Cartas a quien Pretende enseñar, donde menciona que aprendemos en el acto de enseñar, ya que verificamos y repensamos lo pensado y el hecho de enseñar enseña al educador.
Vuelvo a coincidir con Esteve, en su descubrimiento el objetivo es ser maestro de humanidad, donde la primera tarea es crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, volver curioso al alumno, obligarlos a pensar, esto te llevará a alcanzar la libertad de estar a gusto en el aula. La renovación pedagógica como un desafío personal, me llevo a cursar la maestría en el año de 1994 e involucrarme en otras actividades para relacionarme mejor con mis alumnos, para capturarlos y engancharlos, yo diría enamorarlos y así se dé el aprendizaje con alegría, gozando cada descubrimiento, que encontremos juntos el canal vibratorio adecuado para que fluya dicho conocimiento.
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