lunes, 12 de octubre de 2009

rmesa_Mi confrontación con la docencia

Desde muy pequeña me sentí atraída por la docencia. Siempre aspire a ser profesora del nivel básico. Las circunstancias no me permitieron ingresar a la Normal Veracruzana, razón por la cual me inscribí en La Facultad de Pedagogía, en la UV.
De 1983 a 1985 aun teniendo clave docente realice actividades administrativas. Fue a partir de septiembre del 1987 que entre de lleno a la docencia. Sin decir agua va, me asignaron cuatro grupo de primer semestre, de 50 alumnos, e impartiendo la materia de Taller de Lectura y Redacción (no experiencia, no perfil).
Ha sido difícil, pero no imposible. La docencia es fascinante llena de satisfacciones y sinsabores. Una responsabilidad similar a la de los doctores, no te puedes equivocar, aquí no existe el “me equivoque” lo voy a corregir”.
Aun siendo mi inclinación por el nivel básico, trabajar en el nivel medio superior es algo que no cambio por nada. La convivencia con los adolescentes es reconfortante, con ellos no puedes jugar o improvisar, son tan críticos y observadores que un paso en falso es fatal. Ellos te catalogan o etiquetan desde las primeras sesiones, ya que se percatan si dominas o no el tema, así como de tu habilidad para controlar el grupo, quiere decir, que ganarte su reconocimiento y respeto requiere de mucho.
Me siento satisfecha cuando aquel joven que se le dificultaba tanto estudiar, egresa. Otra cosa que me llena de alegría es cuando me consideran una amiga y me cuentan sus problemas. Y lo más satisfactorio es cuando ya son profesionales y me visitan, es padrísimo saber que se nos recuerdan.
Me siento incompetente cuando requieren de apoyo psicológico, tienen alguna adicción profunda o relaciones tormentosas, entre otras, y recurren a mi pidiéndome ayuda, pero no cuento con las herramientas para brindárselas; en ese momento quisiera ser “todóloga”, sabelotodo, no sé, es frustrante.
rmesa_ Mi aventura de ser maestro

Después de leer la aventura de ser maestro de Esteve, presento la reelaboración de “mi confrontación con la docencia”. En primer lugar coincido en su percepción de que la enseñanza se debe vivir con gran pasión y disfrutarla día a día en el aula.
Esto me lleva al inicio de mi aventura docente, en el año 1985, cuando me incorpore al campo de la docencia, al igual que Esteve me enfrente a altas dosis de ansiedad, pero poco a poco fui aprendiendo, claro con el apoyo de mis compañeros y con la mentalidad de que ese aprendizaje era un avance en mi práctica docente. El estar frente a tantos adolescentes inquietos, fue una descarga de adrenalina, mi juventud e inexperiencia provocaron que una clase de 120 minutos la terminara en 45 , de sobra esta decir el desconcierto que sentí, pero saque la casta y reinicie con calma (aparente); creo que los chicos no lo percibieron, sin embargo para mí fue un reto. Ahora estoy consciente que cada día es un reto que hay que vencer.
Algo que me ha caracterizado, desde la época de estudiante, es que si tengo dudas o requiero orientación, no dudo en pedir apoyo y lo solicito respetuosamente. En aquello inicios pedí ese apoyo y encontré la mano amiga y desinteresada que me facilitó reorientar mi trabajo. Me siento muy afortunada, ya que mi preparación profesional ha encajado, de manera perfecta, tanto en el ámbito docente como en el administrativo. Representa una fortaleza el ser pedagoga, pues aplico en cada clase el proceso de planear, hacer, verificar, actuar en un ciclo constante de mejora continua, por esa razón me siento tan cercana con la lectura de Paulo Freire y no puedo más que coincidir con su aportación en Cartas a quien Pretende enseñar, donde menciona que aprendemos en el acto de enseñar, ya que verificamos y repensamos lo pensado y el hecho de enseñar enseña al educador.
Vuelvo a coincidir con Esteve, en su descubrimiento el objetivo es ser maestro de humanidad, donde la primera tarea es crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, volver curioso al alumno, obligarlos a pensar, esto te llevará a alcanzar la libertad de estar a gusto en el aula. La renovación pedagógica como un desafío personal, me llevo a cursar la maestría en el año de 1994 e involucrarme en otras actividades para relacionarme mejor con mis alumnos, para capturarlos y engancharlos, yo diría enamorarlos y así se dé el aprendizaje con alegría, gozando cada descubrimiento, que encontremos juntos el canal vibratorio adecuado para que fluya dicho conocimiento.
rmesa_Los saberes de mis estudiantes.

Realizar esta actividad resultó muy interesante y motivante, pues es un tema que a los jóvenes les gusta e interesa. Inicialmente les pregunté qué quienes tenían en casa computadora, el resultado fue sólo el 10% posee una y además cuenta con el servicio de internet. El 60% asiste a un ciber espacio y el 30% no tienen acceso a ella, pues son de escasos recursos y en sus comunidades no cuentan con este servicio.
La población que tiene acceso al servicio de internet coincide en lo que saben hacer. La mayoría recurre a este servicio para realizar investigaciones sobre alguna tarea, escuchar música y bajarla, ver videos diversos, chatear, ver fotografías, jugar y actualmente se estila grabar algún hecho estudiantil ocurrido y subirlo.
Fue una dinámica muy productiva, pues de manera grupal se analizaron las ventajas que presenta el saber capitalizar este recurso o herramienta. Los jóvenes aportaron sus reflexiones llegando a la conclusión del provecho que podemos obtener si utilizamos esta herramienta en pro del aprendizaje. Los jóvenes que conocen más sobre el uso de internet se comprometieron a apoyar a aquellos compañeros que, por diversas razones poderosas, no tienen acceso a él. Se llegó al acuerdo de platicar con su maestra de TICs, con el objeto de que la enseñanza se individualice con el fin de beneficiar a los más atrasados.
Si bien es cierto que en nuestro plantel existe un centro de cómputo, con 30 máquinas, también es una realidad que no son suficientes y únicamente se utilizan para las clases de TICs, en otros momentos nuestros alumnos no tienen acceso a este espacio. Debido a esta situación, los alumnos estuvieron de acuerdo en disponer, por lo menos, de dos horas a la semana, para acompañar a sus compañeros, que no disfrutan en su comunidad de este servicio, al Ciber que se encuentra frente al plantel, desde luego, también se comprometieron a cooperar con el pago.